20/03/2026

Un clásico: Comenzó la temporada china de “empomarse” a sus proveedores para intentar enfriar los precios de importación de la soja

En las últimas semanas las autoridades chinas rechazaron algunos buques de soja brasileña por supuesta presencia plagas cuarentenarias no habilitadas en el protocolo sanitario firmado entre ambas naciones, lo que hizo que el gobierno de ese país sudamericano incrementase los controles sobre las partidas de poroto exportadas hacia ese destino (que son la mayor parte). Eso provoco la furia de la filial brasileña de Cargill, que procedió a suspender –hasta nuevo aviso– embarques de soja con destino a la nación asiática. BICHOS DE CAMPO - 19/03/2026

Este jueves el gobierno uruguayo recibió por parte de China notificaciones de incumplimientos fitosanitarios en partidas de soja orientales, las cuales –siempre según la versión china– tenían malezas cuarentenarias reglamentadas para ese destino cuya ausencia constituye un requisito obligatorio.

Tanto las autoridades brasileñas como uruguayas iniciaron un proceso de consultas con sus pares chinos para reforzar los controles y bla bla bla. La realidad es que muy probablemente se trate de una excusa china para intentar enfriar los valores regionales de la soja.

En los últimos meses el gobierno chino debió comprar soja estadounidense a precios carísimos en el marco de acuerdos comerciales establecidos con la gestión del presidente Donald Trump. Y seguramente esperaba “recuperar” lo perdido con una esperable “carnicería” de precios promovida por el ingreso al mercado de un cosechón histórico de soja brasileña.

Pero llegó la guerra de Medio Oriente y todo cambió. Los países del Mercosur están vendiendo soja y harina de soja a precios muy firmes, lo que representa un “regalo” de la particular coyuntura internacional.

En tales circunstancias, los chinos suelen emplear herramientas heterodoxas para contener las presiones inflacionarias, una de las cuales es joderle la vida a sus proveedores aprovechándose de la potencia comercial que le confiere ser un gran importador de productos agroindustriales.

Ante tal calamidad, nadie se queja. Todos los involucrados “fingen demencia” porque nadie se atreve a denunciar lo obvio, ya que el daño provocado por la pérdida del mercado chino sería mucho más dañino que aceptar las conductas abusivas de su principal cliente.

En semejante escenario la Argentina tiene una gran fortaleza: gracias a su industria oleaginosa, las ventas de poroto de soja a China son minoritarias, ya que el grueso del negocio está sustentado en las exportaciones de harina y aceite de soja a decenas de mercados.

Mientras que Brasil está atado de pies y manos y debe sobreactuar cuando China aplica prácticas desleales disfrazadas de controles sanitarios, la Argentina tiene en soja una matriz comercial lo suficientemente diversificada como para desatenderse de los atropellos asimétricos de la nación asiática.

No sucede, lamentablemente, lo mismo en el sector de la carne vacuna, donde la Argentina, al igual que Brasil, tiene una dependencia esclavizante de la demanda china; más allá de los ingentes esfuerzos que ambas naciones vienen realizando para diversificar embarques de cortes vacunos, el peso relativo de la demanda china sigue siendo determinante.

En ese marco, por ejemplo, las autoridades chinas acaban de suspender las importaciones de cortes provenientes del frigorífico argentino Arrebeef por la supuesta presencia de rastros de un antibiótico en una partida de esa empresa.

Tales medidas, además de restringir la capacidad exportadora para intentar promover una baja de precios, son instrumentadas también con el propósito de enviar una señal al resto de los proveedores: “no se pasen de rosca con los envíos a nuestro mercado, porque esto también les puede pasar a ustedes; están avisados”.